fbpx

Gestar a un hijo no deseado: la historia de 4 embarazos que el Estado debió haber evitado

El 29 de agosto de 2020, el ISP alertó mediante un comunicado que las pastillas Anulette CD del Laboratorio Silesia S.A. serían retiradas del mercado debido a una falla en la distribución de los comprimidos en ciertas cajas. Se encontraron algunos envases con tabletas sin placebos y otros con un desorden de estos.

Este es el único anticonceptivo combinado que se entrega a 382.871 mujeres en los Centros de Salud Familiar (Cesfam) a lo largo y ancho de Chile y que, por ende, el impacto de la falla es mucho más grande de lo que se prevé.
Ante lo anterior, el ISP decretó cuarentena de una semana para toda la producción del medicamento que, en concreto, eran 137.730 blíster, que estaban almacenados en los Cesfam de todo Chile.

A pesar de la medida que tomó el organismo de salud, 139.160 blíster de Anulette CD defectuosos de los lotes B20034A y el B20035 ya habían sido repartidos a mujeres meses antes de la detección de la falla en los mismos centros de salud.

El ISP emitió una semana después una resolución ordenando a los trabajadores y trabajadoras de los establecimientos de la salud pública a lo largo del país “identificar visualmente” las fallas que afectan al producto “para asegurar que la entrega de blíster no cuente con fallas de envasado”.

Esta medida buscaba, según la misma resolución, “de que no se afecte el programa de salud reproductiva del Ministerio para sus usuarias”, algo que resulta contradictorio, teniendo en cuenta que, en realidad, no existía ni en ese momento ni ahora, una claridad con respecto a la magnitud de la falla del producto.

“Desde el Instituto no se tiene claridad de cuáles son los lotes exactamente. Ellos tienen constancia de dos lotes: el número B20034A y el B20035, pero han recibido denuncias en relación con otros 27 lotes y no tienen certeza si es que esos 27 efectivamente tenían el defecto originario de las pastillas”, revela Laura Dragnic, abogada de la organización civil Miles Chile, que está llevando una demanda colectiva en contra del Estado y del laboratorio.

***

Hasta el día de hoy, 112 son las mujeres afectadas por la falla del anticonceptivo con las que la organización Miles Chile ha conversado para interponer una demanda colectiva en contra del Laboratorio Silesia S.A. por el error que cometió al poner en desorden los placebos y las hormonas en los blíster de Anulette CD, que fueron repartidos en el mercado y en consultorios.


Llegaron a esas 112 mujeres y a 14.000 mil más gracias a una publicación que lleva siendo compartida y comentada en las redes sociales desde noviembre pasado. Allí, varias de las afectadas recién se dieron cuenta que sus embarazos eran producto de la falla del anticonceptivo que tomaban.

Desde la organización indican que ya están sistematizando todos los antecedentes para poder comenzar la redacción de la demanda, aunque, en el intertanto, ya interpusieron un llamado de acción urgente o “Urgent Appeal” en la Relatoría de Salud de las Naciones Unidas y también en la Relatoría sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Esto, porque buscan que los organismos internacionales puedan realizar algún tipo de llamado de atención al Estado de Chile para poder mejorar la situación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Según cuenta Dragnic, las historias de las mujeres que han acudido a ellas son muy diversas y que, como un antecedente importante recalca que estos 112 embarazos se ubican a lo largo de todo Chile y que muchas ya estaban embarazadas un año antes de que la falla hubiera sido detectada.

“La compra del lote defectuoso, de acuerdo a la información que nosotras solicitamos por transparencia, se hizo a fines del 2019, lo que implica que hay mujeres que habían estado consumiendo posiblemente estos anticonceptivos desde mucho antes, por lo que las consecuencias fueron mucho más devastadoras de lo que habíamos pensado”.

A lo largo de la planificación de la demanda, decidieron querellarse también en contra del Estado por ser responsable solidario del hecho. La falta de servicio por parte de este en medir la calidad del producto que se estaba entregando en los centros de salud pública es clave, ya que si se hubieran fiscalizado los medicamentos no habría 112 embarazadas.

El objetivo de esta acción civil es en primera instancia una reparación económica a todas las afectadas, proyectándose el costo de la vestimenta, la educación y la salud de este futuro hijo y en una segunda instancia, es presentarle al tribunal la posibilidad de entender la primera causal del aborto en un sentido más amplio.

La idea, dice, es demostrar las distintas barreras de acceso que tiene la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, dando cuenta que el riesgo de vida para la madre no es solamente la producción de muerte, que es la primera circunstancia de la ley, sino que un riesgo a sus planes de vida.

Esta demanda además busca darle un sentido de justicia no sólo a esas 112 mujeres que pondrán su firma el día del juicio, sino que a las tantas otras que todavía no se atreven a contar su historia en el estrado de un tribunal.

“Muchas de ellas son jóvenes y como un embarazo no deseado en un momento de la vida en que no está planificado genera un daño, estamos pensando que este puede ser uno de los fundamentos principales para la estrategia del caso”, cierra.

***

Dominique Vergara (22) se enteró de que estaba embarazada una semana antes de ver el anuncio que le mandó su prima por WhatsApp. Este alertaba a las mujeres sobre la falla de las pastillas Anulette CD en los lotes b20034A y b20035. El de ella era el primero y lo sabía porque por una extraña razón, que todavía no se explica, guardó los blíster vacíos en uno de los gabinetes de su baño, como nunca.

La mala suerte tocó su puerta el año 2019, cuando después de tener unos meses el implante anticonceptivo subdérmico Implanon, se le rompió e incrustó en la piel.

Luego de eso, decidió apretarse el cinturón, que bien apretado lo tenía ya con el pago de su carrera de Derecho, para comenzar un tratamiento anticonceptivo en una clínica privada. Allí le recomendaron las pastillas anticonceptivas combinadas Marilow.

Quedó embarazada.

Según cuenta, el desajuste entre la cantidad de hormonas que el implante subdérmico le proporcionaba versus las pastillas provocó un desequilibrio tremendo en su cuerpo, el que hizo que ovulara y quedara embarazada.

En ese entonces sufría de anorexia y bulimia y el estrés constante de una carrera tan exigente como Derecho la tenían consumiendo un bufete de fuertes ansiolíticos y antidepresivos. Esta carga hormonal provocó en su útero una hemorragia y luego un coágulo.

A las dos semanas de embarazo tuvo un aborto espontáneo. Aunque no tendría que cargar con la pesada mochila de ser madre, su útero quedó con secuelas y si es que quedaba embarazada de nuevo, el sangrado probablemente volvería a pasar, le dijeron.

Para poder controlar su útero, en marzo pasado decidió confiar en el sistema público y acudir al Cesfam de su comuna, Maipú. Jamás se imaginó que cuatro meses después estaría embarazada de nuevo, tampoco que su cuerpo esta vez no abortaría, menos que sería madre.

Apenas se enteró de su segundo embarazo pensó en suicidarse. La frustración que sentía era tan grande por no poder abortar, que prefería morir. Abortar también significaba un riesgo inmenso, pero dar a luz al bebé que crece dentro de ella significaba muerte en vida, un término abrupto a sus planes.

Inducir un aborto para ella no es sólo peligroso por el medicamento que tomaría para hacerlo, sino por la hemorragia que se puede producir de pasada.

—Asumirlo no ha sido nada de fácil porque a pesar de que tengo el apoyo de toda mi familia, me siento aislada. Nadie más que yo siente ese riesgo y sólo yo vivo la experiencia de estar gestando una guagua que no quiero.

Para prevenir una nueva hemorragia y la posible pérdida del bebé, a Dominique le cortaron de raíz todos los medicamentos para la depresión y la ansiedad. Quedó a la deriva en un estado mental delicado, que gracias a la psicoterapia que está realizando en el mismo Cesfam de Maipú, ha podido sobrellevar el embarazo sin estos fuertes fármacos.

Como el crecimiento del bebé fue tanto, su útero no lo resistió y la hemorragia se produjo igual. Esta vez no lo perdió y le recetaron progesterona con un reposo absoluto. Consideró no tomar las pastillas que le recetaron, lo que quizá significaría un aborto natural. “Si pasa, pasa, pero va a ser natural”, pensó. Pero no. Decidió hacer todo lo que le recomendaron porque el riesgo de que esto le siguiera dañando el útero la asustó, quería que éste estuviera bien para cuando quisiera ser madre por decisión propia.

Recién ahora, que tiene cinco meses de embarazo, su embarazo pasó a llamarse “el bebé”. Si bien dice no sentir apego, sabe que no existe ninguna posibilidad de entregarlo en adopción. No confía en el Sename.

Aún no se decide en acercarse a Miles o no, porque bien sabe que estos procesos duran meses e incluso años. Sabe también que de poco le sirve una compensación económica que financie los gastos médicos, propios de la gestación y que de nada le sirve un permiso para abortar legalmente porque ya no lo puede hacer.

***

Javiera Jiménez (19) se enteró en una sala de urgencias de que estuvo embarazada. Estuvo, en pasado, porque el gran sangrado que la llevó al Hospital de San Bernardo fue el bebé que su cuerpo abortó.

Supo de la falla de los anticonceptivos Anulette CD gracias a un mensaje de WhatsApp que le llegó a su pololo, quien se lo reenvió de inmediato, ya que sabía que ese era el anticonceptivo que Javiera estaba tomando.

Apenas llegó el mensaje, Javiera confirmó al ver que uno de los códigos de serie de los blíster defectuosos era el que estaba tomando. Ya había empezado el tratamiento, pero el sentido común le dijo que en el consultorio, donde se las habían pasado, se las cambiarían.

No se las cambiaron y la mandaron a la casa con las manos vacías y sin ninguna otra instrucción, como cambiar de pastilla o usar condón cuando tuviera relaciones sexuales. Javiera siguió tomando las pastillas hasta que se le acabaron los tres blíster que le habían pasado en el consultorio porque no tenía ni la información ni el dinero para comprar otras.

Los dolores comenzaron el viernes 23 de octubre, dos días antes del plebiscito. Ese día tenía cólicos y pensaba que podían ser causados por una inminente regla. Se equivocaba.

Al día siguiente, las fuertes ganas de orinar la mantuvieron en el baño la mayoría del día. Como sabía que esto no podía ser normal, le sacó una foto a los restos de sangre que expulsó. Llegó el día del plebiscito, se levantó con dolor, pero aún así fue a votar. Luego de hacerlo no daba más. Pensó que pudo haber sido un desorden hormonal por el cambio de pastillas, pero como la sangre era abundante y más roja de lo común se asustó y decidió ir al hospital acompañada por su papá.

Entró a la urgencia sola, donde una matrona vio la sangre y de inmediato supo: lo que Javiera expulsaba no era sangre, eran restos de placenta. Abortó.

En el lugar le hicieron un raspado uterino para retirar todo lo que quedara de ese embarazo fallido y le recetaron coagulantes. Según calcula, tenía cuatro semanas de embarazo.

Al salir de la consulta, Javiera no dijo la verdad. Explicó que había sido una mala regla y que necesitaba descanso nomás.

Mintió porque no quería ser víctima del juicio paterno al que probablemente se sometería si es que contaba que esa regla era un aborto y porque sabía lo responsable que siempre había sido con el tomarse la pastilla, ya que religiosamente a las 21.00 horas, sacaba la tira de anticonceptivos de su bolsito especial para tomársela, sin falta.

—Psicológicamente fue súper complicado porque no es lo mismo tener la oportunidad de decidir a que pase tan así, de golpe, sobre todo cuando yo estaba tomando un anticonceptivo responsablemente.

—Y si hubieras tenido la oportunidad de decidir, ¿qué hubieras hecho?

—Lo hubiera tenido porque no tengo acceso a un aborto seguro, lo habría hecho para no arriesgar mi vida.

En la misma publicación de Miles Chile que le mostró su pololo, había 151 comentarios, en los que distintas mujeres comentaban sobre sus embarazos no deseados o experiencias con las pastillas anticonceptivas defectuosas.

A Javiera le entró el alivio al cuerpo cuando se dio cuenta que lo que le pasó no fue coincidencia, que fue una falla masiva y que ella no había sido la única embarazada. El poder conversar o incluso sólo saber de la existencia de estas otras mujeres le ha ayudado a sobrellevar la culpa que sigue sintiendo por haber perdido al bebé.

***

A Rocío Sepúlveda (30) el embarazo la encontró con tres hijos y una relación sentimental que comenzaba recién hacía un mes.

Faltaban unos días para fiestas patrias y la vida tranquila que había logrado formar se le desmoronó de un segundo al otro: tenía tres semanas de retraso y ya sospechaba para dónde iba la cosa.

Su periodo no llegaba y le echó la culpa al cambio hormonal que le pudo haber producido una subida de peso. “Fueron esos tres kilitos demás”, pensó. Porque no quiso imaginarse que podría ser parte de ese 1% con “mala suerte” que, por estadística, le falla el anticonceptivo.

Se hizo un test de embarazo para salir de la duda y el resultado fue positivo. Recuerda lo terribles que fueron esos días con una voz quebradiza. El padre del bebé se encontraba a cientos de kilómetros de distancia, sin señal y en un puerto pesquero.

La incertidumbre y la rabia la carcomieron todos esos días que mantuvo el embarazo como un secreto. No sabía si la pareja con la que estaba hace un mes asumiría su rol como padre, ni tampoco sabía en qué condiciones nacería ese cuarto bebé.

Sus tres hijos nacieron con una condición genética llamada hipotonía, enfermedad que afecta el sistema muscular y retrasa el desarrollo de los niños. Tiene cura, sí. Pero requirió que Rocío dejara sus planes de vida de lado, entre ellos estudiar, para acompañarlos en sus tratamientos kinesiológicos.

El asumir la maternidad de un cuarto hijo que nunca quiso, revivió sus miedos del pasado: nada le asegura que la historia se vuelva a repetir, ni tampoco sus planes de vida tengan que volver a postergarse.

Ya un mes después de haberse enterado del embarazo, tomó la decisión de ir al Cesfam Doctor Pedro Jáuregui, en Osorno, el mismo lugar donde le dieron las pastillas defectuosas, para controlar el estado del bebé que crecía en su vientre. Quería ser responsable, pero aún no le cabía en la cabeza la idea de tener un cuarto hijo.

“Sabía que no era factible que me haya equivocado con las pastillas porque ya era una rutina que tenía hace cuatro años: me las tomaba a las 12 del día, todos los días, de lunes a lunes y nunca me generé un atraso ni nada”, cuenta.

En el centro de salud la matrona que la atendió, luego de cuestionar si es que realmente se había tomado las pastillas Anulette, lanzó un “¡Pucha, que mala suerte”. Rocío dentro de sí, sabía que algo externo a ella ocurría, pero no preguntó más.

Después de hacer público el embarazo entre sus amigos y familiares, la ola de críticas no tardó en llegar. “¿Y por qué no te operaste con el tercer hijo?”, le preguntaban. Otros la consolaban con el típico cliché de “un hijo es una bendición”, aunque bien sabía que esta situación puede significar una bendición para la que lo quiera, pero este no era el caso y ella no quería quedar embarazada. Este cuarto hijo significaría un gasto enorme económico y emocional que nunca pidió.

Uno que nunca pidió, al igual que cuando tuvo a su primer hijo a los 17 años, cuando todavía no salía del colegio, luego al segundo y finalmente, fue con el tercero que a los 22 años “cerró la fábrica” y decidió esterilizarse para no volver a ser madre nunca más.

El destino le jugó una mala pasada y la cirugía que estaba programada junto a la cesárea de su hijo se tuvo que posponer, ya que este nació dos semanas antes por parto natural, por lo que no se podía operar, sino hasta cinco meses más, le dijeron.

Los días pasaron y la condición genética que había aquejado a sus otros dos hijos en el pasado, se hizo presente en este último y ya con seis meses, el bebé se abatía entre la vida y la muerte. El sentido común la hizo desistir de la operación para apoyar a su hijo y “no dejar su lado de madre”.

Nunca se operó, pero fue responsable con la ingesta de pastillas, cuenta.

Ese es sólo uno de los demonios que persiguen hasta el día de hoy a Rocío, pero eso no es todo. En el pasado, se sometió a una relación tóxica y tortuosa con el papá de sus tres hijos sólo para que “no sintieran que la figura paternal les podía faltar” y que hoy se da cuenta, es algo que asedia su mente.

Sin embargo, las cosas han mejorado para Rocío y el padre del bebé recibió emocionado la noticia y sigue ahí, apoyándola no sólo con el embarazo, sino con los gastos de sus otros tres hijos. Isabella Trinidad será, por fin, una niña esperada, cuenta ilusionada.

Hoy cursa segundo año de Trabajo Social, una carrera en la que destaca por sus buenas notas y como dice, le encanta. Decidió no dejar los estudios porque sabe que eso significa postergarse otra vez y también que es la única forma en la que puede sacar a sus hijos adelante.

***

Eugenia Corvalán (30) venía comprando hace años el anticonceptivo combinado Anulette CD en una farmacia de su ciudad, Talca.

Este, es uno de los pocos casos en los que la falla se ha registrado en cajas compradas en farmacias, ya que el grueso de los embarazos debido al anticonceptivo está entre las usuarias que lo retiraron en Centros de Salud Familiar. Pero pareciera que aquí nadie se salva.

Tomaba pastillas porque no quería ser madre y este era el método anticonceptivo que consumía hace dos años, por lo que la rutina de tomárselas todos los días, sin falta, no era extraña para ella.

Sospechó que algo andaba mal unas semanas antes de las fiestas patrias. Ya tenía varios días de retraso y los dolores inhabilitantes que sintió la llevaron a parar a urgencias. Allí, le tomaron un examen de sangre y la causa de los dolores era clara: estaba embarazada.

Esos dolores que no le permitían pararse eran, en realidad, contracciones, que según le dijeron en el hospital, eran normales para su condición y que por ende, “debía aguantarlos nomás”.

En ese estado de dolor y confusión volvió a su casa para días más tarde darse cuenta, gracias a una publicación de Miles que le envió su hermana, que se había detectado una falla masiva en el anticonceptivo que tomaba. Finalmente, todo hizo click y lo entendió.

En ese exacto momento fue cuando su cabeza comenzó a jugar a las probabilidades y recordó que meses antes, cuando había tenido un desorden hormonal, su doctor le había recomendado terminar el tratamiento de Anulette CD, para comenzar uno más caro, pero que quizás le daría más seguridad.

Investigó y se dio cuenta que el componente de ambos anticonceptivos era el mismo, por lo que decidió seguir tomando Anulette CD. Jamás se imaginó que meses después esa decisión la llevaría a ser víctima de una falla masiva, menos que acarrearía un bebé que nunca pidió.

El embarazo la encontró en una relación estable y con una casa propia, que recién había construido junto a su pareja. Tenían grandes planes para cuando se acabara la pandemia: querían viajar por el mundo y sobre todo, conocer Nueva Zelanda, proyectos de vida que como dice Eugenia, probablemente nunca se concreten.

Hasta el día de hoy las náuseas y los dolores uterinos no han cesado y se han vuelto inmovilizadores. Sin embargo, ha tenido que ser fuerte, ya que el emprendimiento de delivery de pizzas que inauguraron en julio es el único sustento económico para ella y su pareja. Ella cocina y él, hace los repartos por Talca.

Hoy Eugenia, que tiene 23 semanas de embarazo, espera a su hija Maite con ansias, pero también deseando que el aborto seguro, gratuito y legal hubiera sido una opción viable para ella y cuántas otras que quedaron embarazadas sin haberlo pedido ni planeado.

Por Isidora Correa
The Clinic

Abrir chat
¿Tienes una consulta?